Año de producción: 2014
Director: Alberto Rodríguez
Director de fotografía: Álex Catalán, AEC
Cámara: ARRI Alexa
Ópticas: Cooke S4
Formato y relación de aspecto: ARRIRAW 2.8K, 2.40:1
Premios: Goya — ganadora a la mejor dirección de fotografía; Festival de San Sebastián — Premio del Jurado a la mejor fotografía
Vista en DCP
Álex Catalán combina el paisaje abrasado de las marismas con interiores de claroscuro, negros profundos y mezclas de color que convierten la investigación policial en una experiencia opresiva.
La película
Thriller ambientado en Andalucía en septiembre de 1980, lugar y época en que dos policías (Raúl Arévalo y Javier Gutiérrez) se encargan del caso de la desaparición de dos jóvenes, que parece estar ligado a otras desapariciones y muertes acontecidas en el mismo lugar durante años anteriores.
En el transcurso de la investigación, ambos hombres deben unir sus fuerzas, a pesar de que sus diferencias personales y profesionales son más que evidentes.
El sevillano Alberto Rodríguez —«7 vírgenes» (2005), «Grupo 7» (2012)— es coautor del guion y realizador de una película con mucho estilo, buenas interpretaciones y grandes momentos, entre ellos una estupenda persecución nocturna. Sin embargo, no está del todo equilibrada en cuanto a las dos líneas argumentales que trata de conjugar: la investigación y el trasfondo político y personal.
Jesús Castro, Antonio de la Torre y Nerea Barros son algunos de los rostros que interpretan a los personajes secundarios de la trama.

El director de fotografía
El director de fotografía es Álex Catalán, AEC, que fue candidato al Goya por sus dos trabajos inmediatamente anteriores para Alberto Rodríguez: «After» (2009) y «Grupo 7» (2012).
También ha rodado «Camino» (Javier Fesser, 2008), «Habitación en Roma» (Julio Medem, 2010), «También la lluvia» (Icíar Bollaín, 2010), «No tengas miedo» (Montxo Armendáriz, 2011), «La voz dormida» (Benito Zambrano, 2011) o «¿Quién mató a Bambi?» (Santi Amodeo, 2013). Todo ello pone de manifiesto que estaba consiguiendo una carrera muy sólida y en constante crecimiento dentro del cine español.
Su trabajo en «La isla mínima» le reportó el Premio del Jurado a la mejor fotografía en el Festival de San Sebastián y, posteriormente, el Goya a la mejor dirección de fotografía.

Análisis visual
A lo largo de su carrera, Álex Catalán ha utilizado no solo el formato de 35mm, sino también diversas cámaras digitales —RED One, RED MX, Sony F23 o Sony F65— en sus diferentes proyectos. En «La isla mínima», la cámara empleada es la ARRI Alexa, en formato ARRIRAW, junto con ópticas Cooke S4.
Aunque generalmente se consideran más suaves que otras lentes de la competencia, la proyección demuestra que, en términos de resolución, las Cooke S4 se encuentran entre las mejores. Si acaso, las diferencias aparecen más en la forma en que resuelven los fondos o en su caída de enfoque más gradual, ya que las imágenes que consiguen están llenas de nitidez y detalle.
Más contexto técnico
Las características de las ópticas esféricas modernas, su contraste, resolución y caída de enfoque se desarrollan en la Guía de Ópticas de Cine (I).

«La isla mínima» destaca estéticamente porque los cineastas, para obtener el necesario aspecto de época, además de apoyarse en una adecuada caracterización y en los diseños de arte y vestuario, eligen una paleta con cierto viraje hacia los tonos cálidos. Así, toda la película, a pesar del rodaje digital y de su nitidez, posee un aspecto ligeramente desvaído y amarillento.
En este sentido también desempeñan un papel esencial la particular estética de los campos andaluces en los que se desarrolla gran parte de la trama, con su aspecto seco, y la utilización de la luz natural en momentos en los que no solo tiene una mayor calidad, sino que también es más amarillenta o anaranjada, como sucede durante la hora mágica.

Sin embargo, quizá sea más interesante la fotografía de interiores, por ser más arriesgada, estilizada e incluso salirse más de la norma, gracias a un estilo de contraste muy alto y negros muy profundos.
En los interiores nocturnos, Álex Catalán utiliza con mucha frecuencia fluorescentes integrados tipo «daylight», con su característica luz azulada sin corregir. Cuando se mezclan con fuentes de tungsteno, la imagen muestra interesantes combinaciones de colores cálidos y fríos, sin perder nunca el efecto de claroscuro que inunda toda la proyección.
En las escenas interiores diurnas el contraste también es muy alto, con haces de luz que entran por las ventanas —a veces con algo de humo— y muy poco relleno. Así ocurre en la escena entre Antonio de la Torre y Javier Gutiérrez, en la que el primero simplemente tiene colocado un estico frente a él para que pueda percibirse su rostro.
Aunque la Alexa tiene una latitud fantástica y aquí está muy bien empleada, a veces el contraste es tan alto que «La isla mínima» es uno de esos trabajos en los que aún se echa de menos el celuloide. Por mucho que la cámara de ARRI sea capaz de registrar detalle en las altas luces, con el soporte fotoquímico quizá se hubieran captado mayores sutilezas en la parte alta de la curva.

Tanto los interiores como los exteriores están rodados con grandes aperturas de diafragma. La profundidad de campo, incluso durante las escenas diurnas, es por tanto muy escasa, lo que contribuye a que la atmósfera resulte más opresiva y las imágenes más estilizadas.
Dentro de un conjunto muy notable, quizá el punto culminante —también desde el punto de vista estético— sea la persecución nocturna, en la que Álex Catalán se luce y extrae un gran partido de las cualidades de la cámara de ARRI en situaciones de escasa luz.
Aunque puede que muchos espectadores recuerden sobre todo los planos cenitales —que, a falta de información detallada, parecen captados desde un dron con una cámara Canon 5D y retocados en posproducción—, se trata de una fotografía muy interesante, que mejora la anterior aventura digital de Alberto Rodríguez y Álex Catalán en «Grupo 7» (2012).
Conclusión final
Lo peor puede que sea que la elección del viraje de color en el etalonaje para crear el aspecto de época parece limitar en cierto modo a la ARRI Alexa, cuyo espacio RGB resulta demasiado limitado en esta ocasión, aunque sin llegar —ni de lejos— al despropósito que en este sentido era «Jersey Boys» (2014).
Con todo, «La isla mínima» posee una fotografía muy notable, arriesgada en los interiores y especialmente lograda en el uso del paisaje, la luz disponible y el contraste para construir una atmósfera opresiva.
© Ignacio Aguilar, 2014. Revisada en 2026.
Ignacio Aguilar, AEC, es director de fotografía y autor de ON FILM & DIGITAL. Puedes conocer su trayectoria, explorar el archivo de reseñas, consultar su biografía profesional y sus trabajos seleccionados.